Toy (Sidecar, 15/03/19)

Toy (Foto: Ignasi Trapero)

Es curioso esto del arte y la percepción que tenemos de él, porqué muchas veces la valoración que podamos hacer no depende exclusivamente de la experiencia sensorial o racional que nos provoque por sí mismo. Hay veces que también puede venir condicionada por un contexto personal que te haga estar más o menos receptivo, más o menos predispuesto, más o menos preparado. Como todo lo demás en la vida, vaya. Algo que nos podría llevar a pensar que, igual que la verdad, el arte no existe como tal. El arte está en nuestra cabeza o en nuestros sentidos, y al final quizás el arte seamos nosotros mismos y nuestra capacidad sensitiva, y no tanto el objeto de contemplación. Sea un cuadro, una película, una canción, o todo un concierto.

Me hago toda esta paja mental por el show de este pasado viernes de Toy en la sala Sidecar de Barcelona. Y es que, cuando lo comparo con su paso previo por esta misma sala en 2017, tengo la sensación de que sonaron peor, aunque lo disfrutase igual. Puede ser una distorsión de mi memoria, claro que sí. O que la euforia del impacto sensorial sigue intacta o más presente un par de noches después que tras dos años desde la experiencia anterior. Pero sí que tengo la sensación de que esta vez sonaron menos pulcros y definidos, aunque eso no fuera en perjuicio de la energía desprendida. Debe ser realmente complicado que 5 tipos que hacen música tan eléctrica y electrizante suenen cristalinos en un escenario y una sala tan pequeños, y hubo momentos en que costó distinguir las voces o diferenciar claramente a unos de otros. Pero como digo, eso no les restó capacidad de emocionar ni transmitir una energía exhuberante que quedó perfectamente reflejada en las primeras filas, entre saltos, zarandeos de cabeza y cuerpo, y algún que otro empujón y codazo involuntario.

La noche empezó agreste, con la electrónica cruda de Ducasse (demasiado para alguien que siente intolerancia hacia la electrónica como servidor…). Pero en cuanto salieron al escenario Tom Dougall (voz principal y guitarra), Maxim ‘Panda’ Barron (bajo), Dominic O’Dair (guitarra), Charlie Salvidge (batería) y Max Oscarnold (teclados), los sentidos empezaron a abrirse. La oscuridad de ‘Jolt Awake’ dio paso a la luz pop de ‘I’m Still Believing’, y a partir de ahí comenzó un set centrado en su último álbum, ‘Happy In The Hollow’ (puedes leer nuestra entrevista sobre el disco en este enlace), pero sin olvidarse de los tres anteriores. Así, combinaron canciones nuevas como ‘Sequence One’, la preciosamente sombría ‘Last Warmth Of The Day’ o ‘Mechanism’ (cierto, nunca me había dado cuenta, pero sí que tiene algo de Pulp…), con otras más antiguas como ‘Fall Out Of Love’, ‘Motoring’ o ‘Dead & Gone’ (con ese palo de noise experimental que tanto me recuerda a Sonic Youth). La brutalidad de ‘Energy’ llevó el concierto a la prórroga, y en el bis, se fueron a sus inicios para recuperar ‘Left Myself Behind’. Y consiguieron que dejáramos atrás, ni que fuera por una noche, todas las mierdas ajenas que nunca podremos llegar a entender.

Toy (Foto: Ignasi Trapero)
Escrito por

Rarito como un tema de Sonic Youth; me excito con el ‘Psycho’ de los Sonics; si me cabreo, Pistols, RATM, riot grrrls o Los Punsetes; me ponen igual soul, r’n’b, ye-yé, garaje, punk, r’n’r, indie o brit-pop. De mayor quiero ser Patti Smith, Iggy o John Waters. Ateo hasta que conocí a PJ HARVEY. Fui negro en otra vida… y hago el impostor como periodista musical y deportivo en radio, TV, webs y revistas varias.

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