Maika Makovski (Apolo, 5/10/2017)

Foto: Ignasi Trapero / Indie Lovers
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Sucede que a veces una se apunta a conciertos de grupos que no conoce con ganas de dejarse sorprender y otras, como el pasado jueves, en las que te apuntas a un concierto de Maika Makovski y asistes atónita a algo tan inesperado que no puedes hacer otra cosa que ver como todos tus esquemas mentales saltan por los aires… y celebrarlo.

Maika Makovski presentaba ‘CarMenKa’ en el Festival Connexions. La primera sorpresa llegaba nada más entrar a una Sala Apolo repleta de sillas. Bien. Tocaba concierto de esos que se disfrutan en calma y saboreando las canciones. No hace demasiados meses ya habíamos podido disfrutar del talento de Maika y nos disponíamos a repetir experiencia. Relajados. Todavía no sabíamos lo que nos esperaba. Empezamos a intuirlo cuando el cantaor Jordi Fornells arrancaba el concierto con un solo poderoso y Makovski se le sumaba con su guitarra y una banda en la que los instrumentos más clásicos se mezclaban con otros desconocidos y de origen macedonio como la tambura, el kaval o la gajda. Toda una declaración de intenciones y un aviso para navegantes.

Tan solo hicieron falta esos primeros segundos de show para saber que nos encontrábamos ante un espectáculo inédito y excepcional en el que de nada servía todo lo conocido y visto hasta el momento. Un recorrido por las raíces más viscerales de Maika Makovski. Un homenaje al folklore macedonio y español, un homenaje a sus dos abuelas. Una, Carmen, del sevillano pueblo de Herrera. La otra, Menka, del pueblo macedonio de Bukovo. Y en medio de ese viaje, el público y una banda formada por especialistas que lograron transmitir la crudeza y pasión de la canción popular de aquí y de allí. Acabó imponiéndose, no obstante, la parte más balcánica de Maika. No importó. Se trataba de dejarse llevar.

Aferrada a su guitarra eléctrica, Maika nunca dejó de ser la Maika Makovski que todos conocemos. Una artista de sonrisa contagiosa y actitud algo punk ante la música y la vida. Disfrutaba y eso se transmitía ya fuese cantando ‘Niña de Fuego’, ‘Bravo’, ‘Los Aceituneros’ u ‘Orgullo’ de Las Grecas o canciones populares macedonias de nombres tan extraños para nosotros como ‘Zajko Kokorajko’. El jueves, más que nunca, la música volvió a demostrar que es universal, que no entiende de fronteras y que nos une a todos. Algo que en los tiempos que corren tendemos olvidar con suma facilidad. No debería ser así.

 

 

Escrito por

Periodista y alma viajera. Me gusta el movimiento y no entiendo la vida sin música. Conciertos y viajes son mis placeres culpables

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