Love of Lesbian (Sant Jordi Club, 24-25/11/2017)

Foto: Judit Jaumà
Foto: Judit Jaumà
Foto: Judit Jaumà
Foto: Judit Jaumà
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil
Foto: Iván Gil

He perdido la cuenta de las veces que he empezado y borrado esta crónica que, lo sé, llega algo tarde. Digamos que se ha cocinado a fuego lento. Suele pasarme con esos textos que van más allá de lo periodístico. De esos que traspasan la barrera de la información e, incluso, de la opinión y se instalan en una vorágine de emociones y sentimientos. Y eso, tal cual, es lo que suponen para mí Love of Lesbian.

No es la primera vez que escribo una crónica de alguno de sus conciertos -también he perdido la cuenta ya de las veces que los he visto-, pero esta crónica no es una crónica más. Es la crónica de despedida, por unos meses, de un grupo que tanto en Madrid como en Barcelona demostró que lo suyo es un claro ejemplo del trabajo bien hecho, del ir sin prisa, pero sin pausa y sin grandes pretensiones ni egos de esos que rompen la magia. No pueden permitírselo, perderían toda su esencia. Esa que les lleva a emocionarse hasta romper a llorar sobre el escenario o perder el compás en la última canción del último concierto. ¿Hay algo más ‘lesbiano’ que eso? Tal vez el no tener ni miedo ni problemas para compartir el final de un concierto de fin de gira con Serrat o Iván Ferreiro. Tremenda versión de ‘Planeador’ que se marcaron Love of Lesbian e Iván Ferreiro, Iván Ferreiro y Love of Lesbian, en el primero de los dos conciertos en Barcelona. Son así, gente que ama lo que hace por encima de todas las cosas y le pone cabeza, pero sobretodo sentimiento. Y eso es lo que todos pudimos vivir. Espectadores de lujo.

Eso y la constatación del gran salto de calidad que ha experimentado la banda en los últimos años. No hace falta ser un incondicional de John Boy y Love of Lesbian para apreciar el mérito que tiene de llenar el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid, lugar hasta hace muy poco reservado a los artistas que mueven masas. O agotar dos Sant Jordi Club con semanas de antelación, gente sin entradas y en los tiempos que corren. Y todo ello, con un show de casi tres horas que resistió y de que manera a esos temidos y habituales momentos de bajón rítmico. ¡Qué difícil resultó moverse del asiento o de la pista para ir al baño o a la barra! Setlist, sonido y audiovisuales, todo resultó ser verdaderamente un gran truco final. Lo digo yo como incondicional del grupo  que soy y amigos a los que me las apañé para ‘engañar’ y que nunca habían visto en directo a los barceloneses.

Con un setlist prácticamente idéntico en Madrid y Barcelona, Love of Lesbian se despidió a lo grande de El Poeta Halley. Piel de gallina al ver a casi 13.000 personas alumbrando al unísono con sus teléfonos móviles -hace tiempo que se acabó el romanticismo de esos mecheros encendidos y el riesgo de regresar a casa sin huellas dactilares- la versión más desnuda de ‘Segundo Asalto’. En Barcelona también fue emotivo, pero algo menos por el aforo del recinto. Nada pueden hacer 4.500 personas contra 13.000. Los números son irrebatibles. Impactante, el silencio absoluto que en Madrid y en la segunda noche barcelonesa se generó con la proyección de un video de Serrat recitando los últimos y magistrales versos de ‘El Poeta Halley’. No sucedió lo mismo la primera de las noches en ‘casa’. Fue, tal vez, el único momento malo de este particular triplete lesbiano. Esos tímidos, pero audibles silbidos hacia Serrat por parte de unos cuantos seguidores – ¿o debería llamarlos idiotas?- que no fueron capaces de dejar de lado todo lo que no era música fueron dolorosos. Enfriaron un final de show pensado para generar todo lo contrario.

Anécdotas. La tardanza de Coque Malla en Madrid. Se intuía la tensión de la banda que, atónitos, no entendía que el madrileño no saliera al escenario al mencionar su nombre. Entresijos de un concierto que quedarán para la historia. Se hizo de rogar Coque Malla, pero cuando apareció tan solo necesitó un acorde para hacerse suya ‘Contraespionaje’. ¡Qué maravilla! Como la voz de Martí Perarnau, de Mucho -teloneros del grupo en los tres conciertos-, entonando estrofas de ‘Algunas Plantas’ el viernes en Barcelona y de ‘I.M.T’, el sábado.

El resto del concierto, un viaje constante por el ciclo vital del grupo y de sus seguidores. Arrollador al inicio con ‘Cuando no me ves’, ‘Bajo el volcán’, ‘Allí donde solíamos gritar’, ‘Nadie por las calles’ y’Niña Imantada’ y desgarrador con ‘1999’, especialmente el sábado con Iván Ferreiro al piano. Lágrimas. Divertido y desenfadado en ‘John Boy’ o ‘Fantástico’, juguetón en ‘I.M.T’. Poderoso en ‘Oniria e Insomnia’ con un solo de guitarra de esos que te dejan sin palabras o inspirador con ‘El Poeta Halley’ o ‘Planeador’.

Todo estaba pensado para que nadie se quedara fuera de ese intenso viaje. Todos y todas teníamos nuestro momento en un show en el que no habían excusas para no ser feliz. Al fin y al cabo, de eso va la música, ¿no? De ser felices sobre un escenario, pero también ante él. Y después de tres intensas noches doy fe de que eso y nada más que eso es lo que sucedió entre Love of Lesbian y su público el 18 de noviembre en Madrid y el 24 y 25 en Barcelona. Ahora toca recomponerse, asimilar emociones y esperar a que El Poeta Halley vuelva a planear con nuevas canciones y nuevos conciertos. 

Escrito por

Periodista y alma viajera. Me gusta el movimiento y no entiendo la vida sin música. Conciertos y viajes son mis placeres culpables

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *