Black Rebel Motorcycle Club (La 2 de Apolo, 16/07/18)

Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Queen Kwong (Foto: Ignasi Trapero)
Queen Kwong (Foto: Ignasi Trapero)
Queen Kwong (Foto: Ignasi Trapero)
Queen Kwong (Foto: Ignasi Trapero)

Lo normal tras meterte 16 horas de vuelo es irte a la cama a intentar descansar y recuperarte lo antes posible. Pero si esa misma noche toca Black Rebel Motorcycle Club en tu ciudad, eso sería una herejía inconsciente, así que a tus piernas les toca apechugar lo que dictan corazón y vísceras, y dirigir sus pasos hacia La 2 de Apolo. Las criaturas erróneas llaman a criaturas erróneas, en una ceremonia de adoración conjunta hacia lo que queda en las sombras de esta sociedad corrupta y malévola. Y, claro está, corazón y vísceras vuelven a acertar, porque también están en las sombras y siempre es así en la vida, y porque el cerebro se puede ir a aguar la fiesta a otro lado. “Don’t fuck with me, don’t fuck with me…

La noche se abre con una grata sorpresa: las californianas Queen Kwong. Admito que desconocía por completo a esta banda liderada por Carré Kwong Callaway, y eso que llevan años tocando desde que Trent Reznor la descubrió con sólo 17 añitos y se la llevó a telonear la gira con NIN de 2005 (Queen Kwong también aparecen en la banda sonora de ‘Peaky Blinders’ haciendo un cover de Chris Isaak). El cuarteto despliega un contundente show de rock oscuro, muy adecuado para la situación, y ejecutado con mucha actitud, energía y headbanging. Nos dejan con ganas de escuchar con atención sus discos, y con cuerpo y alma a punto para volver a ver a BRMC.

Queen Kwong (Foto: Ignasi Trapero)

Y es que si mi memoria gruyere no me falla, diría que la última vez que pudimos ver en Barcelona a Robert Levon Been, Peter Hayes y Leah Shapiro fue en el 2010 en la sala grande de Apolo (antes habían tocado en la misma sala en 2007, y en Razzmatazz en aquél lejanísimo 2002). Desde entonces han pasado episodios muy duros para la banda, como la muerte del padre de Robert (exmiembro de The Call, y que también era ingeniero de sonido y persona muy importante en Black Rebel Motorcycle Club), o la más reciente operación para corregir malformaciones en el cerebro que tuvo que sufrir Leah, que durante un tiempo pensó que nunca más podría tocar. Capítulos para añadir negrura a una banda ya de por sí oscura, y que abrían incógnitas de cómo podrían haber afectado a su directo. Pero claro, cuando llevas 1.319 conciertos a tus espaldas (dato extraído de su web oficial, y contando ya el de ayer), ya casi te salen solos.

Es verdad que al principio del concierto tengo la sensación de que han perdido algo de chispa, o quizás sea yo y mi cansancio transoceánico. Y eso que empiezan fuertes, con las nuevas ‘Little Thing Gone Wild’ y ‘King Of Bones’, pero también con protagonismo de clásicos como ‘Beat The Devil’s Tattoo’, o ‘Ain’t No Easy Way’ del colosal ‘Howl’. Pero poco a poco la misa de gospel eléctrica empieza a envolverte el alma y a robártela como un carterista del metro, casi sin darte cuenta. ‘Question Of Faith’ o la peculiar ‘Circus Bazooko’ empiezan a meterte en un estado de semihipnosis donde la realidad se ralentiza y se queda fuera de tu mundo mental, que ya es lo único que importa. Ya te tienen, y no te piensan soltar.

Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)

Preso e indefenso, descargan voltios, vatios y amperios sobre ti, y te llevan a moverte sin posibilidad de resistencia: “Help me somebody, help me somebody“… asesinos conscientes de tu propia voluntad, te aceleran y te frenan. Ahora electricidad, ahora acústicas como la preciosa ‘Echo’ o ‘Shuffle Your Feet’. Ahora canta Peter, ahora canta Robert. Ahora se pone uno a la izquierda del escenario, ahora a la derecha. “We don’t know where to stop. I try and I try, but I can’t get enough“. Leah marca los ritmos, Peter mantiene su habitual postura de sobriedad engominada, y Robert es el más exhibicionista, llegando a no poder evitar las lágrimas en diversas ocasiones. Una, claro está, cuando hacen la versión de ‘Let The Day Begin’ de The Call, y se tiene que ir al fondo del escenario a lidiar con los fantasmas de la pérdida.

Con la rabia que genera la impotencia, ya están preparados para rematarnos con media hora de ganchos y crochets sónicos. Los que nos gustaría darle, literalmente, al gilipollas que empuja a la gente para situarse en las primeras filas, le toca la cara  a un chico que le recrimina las formas, y le quita y tira las gafas a otro que luego quiere matarlo. Le habría ayudado con mucho gusto, pero no sé si es por prudencia, mesura o por mi escasa moral, le freno mientras los seguratas hacen su trabajo. De subnormales como ese es de lo que intentamos evadirnos cuando escuchamos a esta banda de inadaptados como nosotros. ‘Love Burns’ enciende nuestras vísceras y nuestros recuerdos, y ‘Six Barrel Shotgun’ y ‘Spread Your Love’ sacan esa rabia e instintos violentos tan necesarios y mal vistos por todo y todos los que detestamos.

Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)

Tras 1 hora y 35 minutos ininterrumpidos, se toman un par de minutos de aire mientras el público corea y da palmas para que vuelvan a salir. Sabemos que será así, porque saben cuidar de nosotros. Mucho. Por eso vuelven para quedarse en 2001, y llevarnos allí en su Delorean sonoro. Y no sé si lágrimas y ojos rojos, pero veo caras de felicidad dispersa, emoción desmedida y miradas al cielo y palmas juntas en forma de rezo a mi alrededor. Queremos dormirnos y despertar en Catatonia, patria de los descreídos de la mente y los adictos a las emociones. Y éstas se desbordan con un ‘Whatever Happened de To My Rock’n’Roll’ pasado de vueltas, caótico y por momentos casi irreconocible. “You couldn’t ever decide, when all you want turns to lies. There’s so much pain can’t list, who’s got the need or reason or livin“. Himno entre himnos, canto desesperado, broche a la noche… o no. Porque unos pocos privilegiados insistentes podrán disfrutar luego de un espontáneo e inesperado setlist acústico de Robert y Peter a la puerta del autobús, aparcado en la calle de detrás de Apolo. Las criaturas erróneas llaman a criaturas erróneas, y entre todas nos lamemos las heridas de un mundo que no es el nuestro.

Black Rebel Motorcycle Club (Foto: Ignasi Trapero)
Escrito por

Rarito como un tema de Sonic Youth; me excito con el ‘Psycho’ de los Sonics; si me cabreo, Pistols, RATM, riot grrrls o Los Punsetes; me ponen igual soul, r’n’b, ye-yé, garaje, punk, r’n’r, indie o brit-pop. De mayor quiero ser Patti Smith, Iggy o John Waters. Ateo hasta que conocí a PJ HARVEY. Fui negro en otra vida… y hago el impostor como periodista musical y deportivo en radio, TV, webs y revistas varias.

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